domingo, 30 de diciembre de 2012

31- Bombones en Nochebuena (24 diciembre 2002).


Había transcurrido un año entero desde que solté mi bomba en Nochebuena. Otra Navidad que se adueñaba con su magia de todo cuanto tocaba. Decoraciones, lucecitas de colores, sonrisas de extraños, tonadillas de villancicos y el resonar de miles de zapatos recorriendo las ciento una tiendas de Princes Street.

¡Feliz Navidad!
¡Sonríe!
¡Compra!
¡Aparenta!

Amo la Navidad. Aborrezco la Navidad.

Es muy difícil ponerse de acuerdo con tu interior. Es difícil saber qué sentir cuando la Navidad se llevó a la persona que más has querido en este mundo. La persona que más te ha amado. Sin condiciones y desde sus entrañas. Cuando precisamente esa persona adoraba la Navidad. Sobre todo la blanca Navidad. Corría a tu cama, a despertarte, para que mirases la danza de copos de nieve desde el cálido interior de tu habitación: “¡Jorge cariño, corre, mira como nieva!”.

Merry Christmas!
Ho ho ho!
Enjoy!
Go shopping!

Es muy difícil afrontar cada Navidad, cuando tu madre se fue en los últimos coletazos de una blanquísima Navidad (todavía recuerdo el gigantesco Abeto decorado fuera del hospital, sus ramas dobladas bajo el peso de la nieve. Tantas visitas. Tantos cafés de máquina, en vasito de plástico).  Es difícil perderla, cuando eres un jovenzuelo, que ya se afeita y va de copas con los amigotes, pero en el fondo sigues siendo un niño. Su nene. ¿Cuándo se es lo suficientemente mayor para perder a una madre?

Happy Christmas!
¡Abraza a ese extraño!

¡Guarda la pistola por unos días!
Take a break!
¡Ya seguirás matando el próspero año nuevo!

Recuerdo todo esto y la culpa y la vergüenza se apoderan de mí. Quizás soltar mi bomba en Nochebuena (a mi padre) no fue la mejor de las ideas. Mas el dolor y la rabia, cuando te ves acorralado, te tornan egoísta y miserable. Sólo piensas en ti, en tu escapada, en tu inglés, en tu sueño, en tu puto Edimburgo.


Siempre creí que en España exagerábamos con la celebración navideña. Hasta que vine al Reino Unido. Esta gente vive todo el año esperando la Navidad. Una fiebre se adueña de ellos desde mitad de octubre. Calles decoradas, árboles abrigados con cientos de lucecitas de colores. Mujeres, hombres y niños comprando y comprando y comprando, como si no hubiera mañana. Como si cada año acabara el mundo el día 31 de diciembre.

Aquella Navidad de 2002 la celebré con amigos del colegio. Con David (Bea acudió al calor de los suyos en España),  Ester (una chica de Alicante, a la cual vi hace poquito) y su novio escocés James.

Aprovechando que Rachel, y mi nuevo compañero de piso (del que todavía no les he hablado), estaban con sus familias, nos reunimos en mi casa de Ashley Terrace. Sobre la mesa del living room a falta de mantel, coloqué una sábana azul oscuro que tomé prestada de los cajones de Rachel (las pasé canutas después intentando -tras lavarla- limpiar una mancha de vino derramado, fruto de la excitación del momento), y compré servilletas de papel rojas, con motivos navideños.

Lo celebramos a la española. Juntando todas nuestras viandas ibéricas: jamón, queso, mejillones en escabeche, berberechos, tortilla de patatas, croquetas y ensalada. Todo ello regado con un buen vino de mi tierra. De postre James hizo una especie de pastel. Un experimento que David y yo comimos, sin respirar, mirándonos con gestos de complicidad. Un pastel que provocaría cientos de risas venideras. Una más de las miles de bromas privadas que compartimos mi pal y yo.

Y a falta de turrón de chocolate, endulzamos nuestra velada con los famosos Ferrero Rocher. Unos bombones en Nochebuena.

3 comentarios:

  1. Hace tiempo que quería comentar esta entrada, pero mi máquina de coser me ha tenido secuestrada. Que sepas que leyendo esto, se me ha encogido el corazón :S

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    Respuestas
    1. Bueno, refleja un poco mi estado de ánimo en cada bendita y puta Navidad.

      Puedo llorar escuchando El Tamborilero (el interpretado por Rafael era el favorito de mi madre)... o puedo estar berreando a gritos cantando el "villancico" de Sociedad Alkoholica: "Puta Navidad, Puta Falsedad".

      Imagino que es un mecanismo de defensa desarrollado por mi alma.

      Gracias por el comentario. Has sido la única que ha tenido el valor suficiente para comentar esta difícil entrada. Gracias.

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  2. Como un puño. Gracias a ti por compartirlo con nosotros.

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