miércoles, 7 de enero de 2026

F237 - De norias, vermú y violetas

Tengo música en la cabeza. No consigo bloquearla.

Y el de en medio de los Chiiichooos

Me ha dicho que soy muu buenoo

Que tengo buen corazóóón

Y que nunca voy sereenooo.

Despertares. Vuelta a la realidad. Regreso al presente, más bien a un cercano pasado. Siguen las Pascuas, cada vez más duraderas. Vuelta a mi ritual solitario, ese que llevas a cabo con ausencia de pareja, el ver películas y series navideñas, a golpe de polvorón, cava y turrón de yema. Por enésima vez, Love Actually: uno la comienza con mil y una promesas de entereza, de madurez, de hombría: “¡Qué somos leones o huevones?”; “No lloraré, no lloraré, no lloraré”, y acaba, como cada año, manta hasta la barbilla y las lágrimas calientes acumuladas tras una presa a punto de desbordar, durante las escenas habituales. Escenas de ruptura, de engaño, de amor no correspondido, al igual que aquellas de cariño, de enamoramiento con la persona idónea, del primer amor en la infancia. Escenas donde chocan con su alma gemela en plena calle, en el super, en un pueblo recóndito, en el colegio de sus niños, en un aeropuerto. La ves de nuevo, dispuesto a no creerte nada, a hacerte el duro, es sólo ficción, te dices, y acabas anhelando la vida de alguno de los personajes.

Yo ya no sé cómo olvidaaarte, eh, eh, eeh

Cómo arrancarte de mis adeeentro’

Desde que te marchaastee

Mi vida e’ un tormentooo

Despertares. Continúa la Navidad eterna. Nadie como los británicos para reflejar ese espíritu navideño de cartón-piedra, de apariencia, que terminas creyendo como en su día creíste en los Reyes Magos. A pesar de que tras el Boxing day (26 diciembre) todo regresa a lo anterior. Ni siquiera aguardan al siete de enero, los herejes estos. El abeto abandonado junto al contenedor del Tesco, los adornos en el desván dentro de una caja de cartón con una etiqueta que reza: ‘Christmas Decorations’.

Pienso todo ello frente a la televisión, la miniserie de Mr Bean un genio Man vs Baby, en la que se encuentra un bebé, junto a la puerta, y lo llama ‘Baby Jesus’ (‘Beibi Chiisas’, pronuncian ellos para darse importancia). La nieve en las Highlands escocesas, las llamadas familiares, la gran cena con sus coles de Bruselas, pavo gigantesco, salsa gravy; junto a cada plato, los artilugios denominados ‘crackers’, cilindros de cartón y papel de colores: dorado, rojo, plateado; entre dos comensales, uno tira de cada extremo y al abrirse suena plop, como un petardo, en su interior pequeños obsequios, como esas coronas de papel tintado que cada uno pondrá en su cabeza, un vano intento de regresar a la infancia, al menos durante el rato que dure la comilona.

Nadie como los británicos para hacerte vislumbrar todo esto. Deseas caer dentro de la película, sentarte a la mesa junto a ellos, extremo de cracker en mano, al otro una linda escocesa, plop, entre risas coronarnos mutuamente y servirle una loncha de pavo, coles de Bruselas, salsa, “Just two spoonfuls, please darling, y puré de patatas. Tal vez sólo sea la nostalgia jugándome una mala pasada.

Fueeera de mííí

Ya no quieeero tu quereeer

De mi mente te he borradooo

Ya no quierooo besar tu’ labio’

Vuelta a la realidad presente. Tengo música en la cabeza. Me acompaña allá donde vaya, sobre todo en el trabajo físico y monótono culpa del vermú dominical. Lo explico, día festivo, una amiga y yo nos adentramos en el casco medieval, pasada la una del mediodía, en busca del espíritu navideño y su correspondiente dosis alcohólica. Otra vez, nos encontramos con ellos. Constituyen una modesta banda flamenca, tocan versiones por la calle, al amparo de algún bar, para caldear el gélido diciembre. De ahí las canciones, que lanzan el ancla en mi cerebro y no hay marea que las mueva.

Tú eres el vaquillaa, alegre bandolero

Porque lo que ganaaas repartes el dinero

Tú eres el vaquillaaa de buenos sentimientos

Si al final dependeees de un simple carcelero.

La ciudad se esfuerza en pintar una estampa navideña, un amago loable de resucitar el espíritu, en coma inducido por estos lares. El trenecito rojo, abarrotado de turistas y locales que saludan entre risas, junto a sus pequeñuelos que miran todo con ojos grandes; al fondo, la noria altísima con su diseño de ciencia ficción, el London Eye de la ciudad blanca, que trae recuerdos de otra noria y una tal Azucena otra ciudad, otra vida… La banda oficial ambulante interpreta canciones festivas, como si fueran las fiestas patronales, y, de vez en cuando, inserta con cuña un villancico a petición pública, turistas ya saben no somos británicos por aquí arriba. En la boca del callejón, una tierna escena. La chiquilla de apenas tres años contempla embelesada a los músicos, suelta la mano del abuelo y se acerca, permanece absorta frente al bombo que marca el ritmo del villancico bom, bom bom, bom, suena. La mujer que lo maneja, rendida ante la dulce mirada, le permite coger el mazo e imitarla durante el descanso de cigarrillo y caldopara satisfacción de yayo y nieta, y deleite generalizado.

Liiibre soy contigo, liiibre sooy

Como el vieento libre, libre, liiibre soy

Sooy feliz contigo, soy feliiiz junto a tiii

Vuelta a la realidad. Regreso al desengaño. ¿Dónde está mi Noche de Paz? ¿Dónde quedó la Noche de Amor? ¿Quién apagó mi Noche de Luz? Me siento estafado, crédulo de cuentos chinos, o más bien de cuentos de magos orientales. ¿Quién robó mi Nochebuena? ¿Quién, el día de Navidad? Fin de la candidez que otorga la ficción, como cuando de críos te chiva el amargado vecinito de quien recuerdas nombre y apellidos que los Reyes Magos son los padres, y ante tu interrogatorio posterior descubres en la mirada de estos una mezcla de tristeza (mamá) y orgullo (papá), la primera por tu mal rato, el segundo porque ya dejaste la inocencia… y te quieres morir.

¿Cómo recupero mi dinero? ¿A quién solicitar la hoja de Reclamaciones? Las quejas al maestro armero, decía el sargento Peláez sonrisa zorruna y arrogante durante los tiempos de Mili.

Échame una mano prima

Que viene mi novio a veermeee

Estoy tan nerviosa que

No sé qué vestío poneermeee

Regreso a la realidad, abandonamos la ficción (la cual también permite construir toda una historia alrededor de un pobre hombre luciendo tweed y zapatos viejos que en su día se limitó a tomar un café mientras leía un grueso libro (título desconocido) en el Elephant House de la capital escocesa.

Porque tú te ves bonita

Tú teee pones orgullosa

Ni más ni menos, ni más ni menos

Más bonitas son las roosas

Vieneee el tiempo y las marchita.

El pequeño grupo ameniza el vermú, templa espíritus, promete hechizos. El cantante, la corista, el guitarra, el del cajón. Gitanos todos y ufanos por ello el vocalista, pelo largo, camisa negra abierta, de pelo en pecho y enorme crucifijo; el tipo se come la calle con patatas, baila, sonríe, vacila a unos y otras adora que lo filmen con móvil; puede que no sea un gran vocalista micrófono pegado a los labios, ritmo acelerado pero lo compensa con su don. Un don que muchos grandes “cantantes” quisieran para sí. El don de contagiar entusiasmo a su alrededor. Sangre gitana por las venas. Desborda gracia, sonrisas y desparpajo, tan escasos por estas tierras. Si se lo propusiera, con su labia en ausencia de flauta se llevaría a todos los niños de la ciudad hipnotizados, cual músico de Hamelín.

Canciones de amor, de fiesta, de camaradería y traición. Algún villancico se cuela, a petición popular la Marimorena, cómo no. El tramo de calleja es suyo, territorio conquistado, lo tomaron sin disparar un tiro, a golpe de guitarra y cajón, de sonrisas, voz ronca y coros rumberos. Melodías que llaman a soñar, también recordar, melodías que traen sonrisas y alguna lágrima que pelea por asomar. La gente salta, da palmas, baila, entona los estribillos. El frío presente, cómplice de la banda, obliga a mover cuerpo y alma. La cerveza y el vermú aportan su granito de arena. Locales, visitantes, tipos futboleros con bufandas blanquiazules, del Real Oviedo. Uno de ellos, el más cachondo de los guajes, exclama entre risotadas: “¿Estáis seguros de que no jugamos contra el Málaga?”, sin acabar de creer que continúan en el norte, que se hallan en la ciudad blanca, la ciudad del silencio. El gitano y sus compadres lo han conseguido, transformaron la callejuela con su duende y empeño.

Quién te escribía a ti veersos

Dime mi niñaa quiéén era

Quién te mandaba flores

Por primaveeera

Y cada nueve de noviembre

Como siempre sin tarjeta sí

Te mandaba a ti un ramiito

De violetas sí.

Jamás una canción tan hermosa tuvo letra tan cruel.

Todo un popurrí entrañable, cantaron los flamenquitos: Tijeritas, los Chichos, Navajita plateá, Niña Pastori, Manzanita, Ketama, Estopa… y ya despidiéndose un cálido homenaje, Antonio Flores.

Prometo veeer la alegría

Escarmentar de la experienciaa

Pero nunca

Nunca más usar la violenciaaa

Para turu tu turuu

Para turu tu turuuu

El gentío rompe a saltar, botellas en alto, grita, baila, corea el ‘para turu tu turuuuu…’.

Desterrar la violencia, la utopía eterna. El sueño de los ingenuos. Puede ser adormecida, incluso sedada, pero siempre quedará una semilla a la espera de gotitas de odio para germinar. Es algo intrínseco al ser humano, lo lleva en la sangre y en el espíritu (nada navideño).

¿Dónde quedó mi Noche de Paz?

¿Quién carajo conoce al maestro armero!

Libre, Liiibre, quiero ser

Quiero ser, quiero ser Libreee.

Imposible bloquear… la música dentro de mi cabeza.


(Relacionado: F61- Rozando la Estrella de Navidad).




 

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