sábado, 5 de abril de 2014

F66- Con Alma de Mujer, (febrero 2004)

Las recuerdo jovencitas. Mucho. Apenas unas adolescentes que habían aparcado las Barbys hace cuatro horas, sustituyendo sus vestiditos e imaginarios maquillajes por sus equivalentes de tamaño natural, de existencia real. Se sentaron en el pequeño reservado a mi derecha, donde los sofás son cómodos y la mesa amplia. Es un bar modesto y tranquilo, uno de mis favoritos en Edimburgo, en el cual las mesas están tan juntas que resulta difícil centrarte en tus cosas, aislarte de las conversaciones ajenas (muchas de ellas en español, cada día más, gracias a nuestros maravillosos políticos, los cuales, independientemente del color de guerra que vistan, parecen empeñados en echar a toda la juventud de allí, como si sobrara, como si les causara vergüenza o repugnancia),tan arrimadas están, las mesas, que si estiras el brazo puedes robarle el bollo suizo a tu vecino, o tocar su hombro.

Hubo algo en una de ellas que en seguida llamó mi atención. Me sacó del mundo paralelo donde me había zambullido  ̶ entre las callejuelas del casco viejo de esta bella ciudad, siguiendo al detective Rebus, una vez más, tratando de averiguar si realmente se trataba de un héroe o al final sucumbía, cual sucio villano, a los encantos y tentaciones de la otra ciudad oscura, dura y peligrosa que se esconde en las sombras, lejos de las miradas ingenuas de turistas y estudiantes de Erasmus  ̶ , sin embargo no puedo concretar lo que fue, tal vez un gesto, una sonrisa tímida, de esas que siempre quedan a medio camino, quizás sus altos pómulos,  o sus ojos, grandes, inteligentes, con ese brillo especial que denota juventud. Tal vez fueron sus maneras, educadas, delicadas, como temiendo romper algo, tirar una taza, molestar a los demás, atraer miradas ajenas. Algo me hizo fijarme en ella y en su compañera, forzando mis ojos a abandonar por un momento las líneas que hablaban de miseria y muerte, para contemplar dulzura y belleza.

Su pelo de color caoba apenas rozaba sus hombros, llevaba unos pendientes colgantes con unos pequeños brillantes en el extremo, mal conjuntados con un discreto collar, lo que me hizo pensar que tal vez fuesen un regalo de alguien especial. Vestía unos pantalones de hilo fino, color beis, con una blusa de seda que dejaba entrever un busto pequeño, un delicado fular añil cubría su cuello. Poseía un cuerpo de huesos largos, de alta estatura, que añadía un toque de torpeza a su imagen, que provocaba cierta ternura, como si fuera una jirafilla recién nacida, aun tambaleante y temblorosa. Sus dedos, finos y largos, jugueteaban nerviosos con el salero mientras hablaba con su amiga, a la cual miraba como se mira a un ídolo, o a la persona que te ha robado el corazón, el alma y el sueño. Charla de manera apresurada, como queriendo decir todo en un breve espacio de tiempo, su voz algo grave, sensual como un contrabajo, voz de locutora de radio nocturna. 

La amiga, también muy joven, vestida más acorde a su edad, vaqueros, camiseta, deportivas, la escucha con paciencia, la sonríe, acaricia su mano. Cogiendo el menú se lo ofrece, invitándola a que sea ella la que elija sus manjares matutinos, piden tarta especial, chocolate caliente con marshmallows flotando. Ríen como las chiquillas que son, ante tal atracón de amistad y azúcar.

Descuidadamente se despoja del fular, juguetea con él entre sus manos, lo deja en el asiento, a su lado. Entonces es cuando me fijo en su cuello despejado, delgado, con una nuez que destaca más de lo que su portadora deseara. Al caer en la cuenta rápidamente bajo mi mirada, con vergüenza pueblerina, y sigo leyendo las andanzas del famoso policía escocés.

Acabado mi café hace rato, coloco el señalador de página, meto el libro en mi pequeña mochila y me dispongo a abandonar el bar. Antes me agacho a recoger el delicado fular, que resbaló discretamente al suelo, y se lo entrego. Me dedica una tímida sonrisa, temblorosa ante la amabilidad del extraño, dice ‘cheers’ con su ronza voz. Su voz sensual de contrabajo, de locutora de radio nocturna.  Su voz de muchacho con alma de mujer.