sábado, 17 de agosto de 2013

Mi primera 'fargadita', (1987).

Me van a permitir hoy un ataque de nostalgia. Esto de autocorregir las primeras ‘fargaditas’, con vistas a auto-editar un pequeño libro electrónico,  lleva su tiempo y es más complicado de lo que parece. Ahora respeto un poquito más a los “editores” de textos. Incluso he tenido que recurrir a mi viejo libro de texto de C.O.U. −“Curso de Lengua Española”, (Fernando Lázaro)−  para consultar unas dudillas gramaticales,  y al hojearlo he descubierto varios folios cuadriculados y amarillentos, con las esquinas dobladas. Folios de otro tiempo, de otra vida. ‘Redacciones’, las denominaban. Y he caído en la cuenta que con 17 años escribí mi primera ‘Fargadita’. Una lástima que no seguí con esta afición. Definitivamente erré en mi elección de estudios universitarios (nunca debí haber escogido ‘ciencias puras’, como se llamaba entonces). Debería haber seguido practicando la escritura, que es lo que realmente me gustaba (aunque por aquel entonces lo ignorase).

(Disculpen las faltas y  el atrevimiento, pero no he querido cambiar ni una coma del borrador original):


                                                                  El examen

Tengo la hoja en frente de mí, vacía, blanca, fría, esperando que la tinta del bolígrafo marque sobre ella lo que puede ser un gran triunfo o un terrible fracaso, o quizás algo intermedio, ¿quién sabe? Los cuadros pequeños y monótonos de la hoja parecen desfigurarse, se ensanchan, se achican, todo se emborrona a mi alrededor ¡es horrible!

      Una serie de ideas y palabras se amontonan en mi mente: es un examen importante, decisivo, he estudiado, ¿o no?, no he estudiado; ya no distingo la realidad de mis pensamientos y temerosos presentimientos. ¡Maldición! no recuerdo aquella pregunta… como empezaba… era muy importante y seguro que “cae” pero no la recuerdo ¡No, Dios mío!  ya no me da tiempo de sacar mis desordenados y precipitados apuntes del cajón para ver como es esa dichosa pregunta.

      Empiezo a sudar, es una sensación de calor y de repente un intenso y punzante frío que me sube por la espalda. Oigo bromas y risas a mi alrededor, pero ya no distingo los sonidos, parece todo un constante e insoportable ronroneo.

      ¡Cuándo se decidirá a dictar las preguntas! En mi mente se mezclan desordenada y precipitadamente pensamientos de culpabilidad, curiosidad, miedo, horror, paz, tranquilidad… ya no sé si estoy nervioso o tranquilo, mi mente está en blanco no recuerdo nada de lo que he estudiado.

      Pero por fin el profesor, dándose importancia, manda callar a todos, espero impaciente e intranquilo, sólo hay un pensamiento ya en mi mente: que me acuerde de todo lo estudiado; de repente se oye la voz ronca y cruda del profesor dictando las esperadas…, ¿o debiera decir temidas preguntas?..., al principio no me suena nada, pero al acabar la tercera y última comienzo a recordar, todas las ideas llegan a mi mente amontonadas, me pido calma a mí mismo y comienzo con la primera ¡que satisfacción! mis ideas vuelven a ser reposadas y claras, ya estoy tranquilo.


Jorge Ariz

6 comentarios:

  1. Ya somosdos que no deberiamos haber ido por ciencias puras. Como tan bien describiste en esa "redaccion" me senti yo cientos de veces; esa sensacion de estar en blanco... Terror! Pero en cuanto empieza el examen la informacion FLUYE por tu mente.

    Genial.

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    1. Gracias Arabella. ¡Qué tiempos! Es que memorizaba mucho (páginas enteras) jaja, y luego si te quedabas en blanco era una sensación terrible.

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  2. Buenos días

    Ya despuntabas a tan tierna edad contando fargaditas en COU. Incredible!!!

    ¡¡Que sensación más familiar!! Las manos inundadas en sudor, o como ese hormigueo en el estómago como si dentro estuviera el desayuno en modo centrifugado aunque lo peor para mí era el lento correr de las horas antes de iniciar el examen.

    La última vez que tuve esa sensación fue antes del examen de inglés de la escuela de idiomas este pasado mes de Junio, a pesar de llevar todo preparado y requetepreparado, para luego al final sacarlo todo a la primera, pero el mal trago previo no me lo quitaba nadie, eso te lo aseguro.

    Santurtziarra

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    1. Es realmente curioso porque había "olvidado" que solía escribir cosillas (aparte de lo del cole, como ésto). A veces encuentro algún cuaderno viejo y leo mis pinitos. Me da rabia no haber practicado más, pero nunca es tarde. Mira tú, quién iba a decirme a mí que contaría mis batallitas en un blog público. :-)

      Jaja, es mucho mejor la sensación que tienes al presentarte a un examen sin tener pajolera idea... es una paz infinita (también lo he probado).

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    2. Es que yo la "paz infinita" la sentía simplemente por tener el examen delante; tanto si lo llevaba genial como si no. Era en plan "Que sea lo que tenga que ser! Ya no puedo hacer nada." DURANTE los exámenes siempre estaba hiper-relajada, era el antes y el después lo que me mataba.

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    3. ¡Qué suerte hija! yo siempre he sido un saco de nervios, me costaba un rato apaciguarme.

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