domingo, 14 de julio de 2013

f49- Vida de Estudiante (IV). (Junio 2003).


Marta fumaba tabaco negro y bajo su pecho albergaba un corazón blanco. Sus ojos de gata, grandes, grisáceos con destellos amarillentos resaltaban en un rostro níveo y ovalado. Su mirada producía un ligero vértigo, un pequeño mareo al contemplar directamente su alma. Poseía una voz dulce, con un ligero acento cantarín, un suave ronroneo gallego.

Marta resultó ser otra de esas personitas especiales que dejó su firma en mi vida, aunque ella misma lo ignore. Siempre amigable, sonriente, dispuesta a echarte una mano. Marta mostraba la bondad de los justos. Si los curas de mi colegio estaban en lo cierto, Marta contemplará algún día al Gran Jefe allá arriba: “Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios”.

Marta, además de amiga,  fue mi compañera para la prueba del speaking en el examen del First Certificate. Mi partner in crime. Solíamos quedar en nuestros días libres para practicar. Plantábamos nuestras posaderas en el césped de los jardines de Princes Street, o nos refugiábamos en una cafetería cuando llovía. El día X debíamos comentar una fotografía, entre los dos, ante los examinadores. Así que, para entrenarnos abríamos el libro al azar, ella cerraba sus lindos ojos y señalaba con el dedo un punto de la página. Si acertaba en una imagen, yo le invitaba a abrir los ojos y decir lo primero que se le viniera a la mente al contemplarla. En caso de que su índice se posara en un texto, yo decía “agua” y Marta reía como una colegiala haciendo novillos.

Ambos seguimos el sabio consejo de nuestra profesora. Una señora de Glasgow ya veterana de muchas guerras lingüísticas. Aquel repetido y entrañable “Keep talking, you just keep talking” que dispara mis niveles de nostalgia.

En ocasiones nuestros ensayos se convertían en excusas para charlar. Entonces departíamos de cualquier asunto excepto del motivo que reflejaba la dichosa fotografía. Hablábamos de nuestras familias, de los planes de futuro, de amores, de sueños, del olor de las nubes y del color de los pedos. Entre risas, humos y vientos.

Llegó el día X. En realidad debíamos acudir dos jornadas consecutivas, primero para examinarnos de gramática, lectura y escritura, y al día siguiente asistir a las pruebas de “escuchar” y “conversar”. Mis puntos fuertes eran los de la primera cita. Al igual que tanta gente de mi generación el inglés me lo enseñaron en negro sobre blanco. Libros y más libros. De vez en cuando escuchábamos una cinta de casset donde dos tipos con acento perfecto hablaban de las amapolas. O visualizábamos un video del programa Follow Me (que entre risas adolescentes denominábamos Fóllame, para sonrojo de nuestra tímida profesora) en el cual dos policías ingleses, que parecían dos pueblerinos vestidos para carnavales, perseguían a una rubia tetona ligera de ropa (al menos para nuestros jóvenes e impresionables ojos ibéricos), porra en mano al más puro estilo Benny Hill. Entenderán ustedes que con estas mimbres no resultaran los mejores cestos para mi “listening and speaking”.

Lo complicado fue por tanto el segundo día.

Primero el listening: nos colocaron en una amplia clase de grandes ventanales y con los pupitres muy separados. Para mi sorpresa, no nos proporcionaron auriculares sino que utilizaron el equipo de altavoces. Esto me produjo cierto desasosiego inicial pues mi oído ya no es lo que era. Vamos, que tanta discoteca y música punk atronando el habitáculo de mi pequeño coche en mi otra vida, me pasaba ahora factura, con iva incluido. Aún así, traté de calmarme y concentrar toda mi atención en escuchar y marcar las respuestas en el folio.

A continuación nos condujeron a un ancho pasillo, con muchas sillas colocadas a ambos lados junto a la pared. Debíamos esperar a ser llamados, por parejas. Marta y yo charlamos del tiempo y de la comilona que nos daríamos cuando acabase aquel infierno. Todo era inquietud y sonrisas temblorosas. Dos tímidos corderos esperando a las puertas del matadero. Al final no fue para tanto, los examinadores resultaron amables y nos tranquilizaron dándonos a entender que ya tenían en cuenta el factor nervios a la hora de calificar. Pero claro, si apenas hablabas, metías mucho la pata o quedabas en blanco evidentemente suspenderías (esto lo sabíamos, afortunadamente no nos lo recordaron in situ). La foto elegida reflejaba una escena veraniega. Un parque lleno a rebosar de gente. En el centro de la imagen había una fuente donde unos niños refrescaban sus pies. Al fondo se adivinaba una ciudad, con la silueta de un castillo. Eso era el background. De nuevo recordé los consejos de nuestra profesora: comentad lo que refleja la foto en su conjunto, describid el background, explicad qué sentís al mirar la escena, qué provoca en vuestro interior.

Marta y yo, tras unos segundos de contemplación, de ordenar ideas y calmar temblores, nos lanzamos a un diálogo algo artificial acerca de aquella linda estampa, la paz que nos producían sus figuras y el bocata que nos íbamos a zampar a la salida. Bueno, esto último tan sólo lo pensamos.

Tanto Marta como yo mismo aprobamos aquella convocatoria. Obtuvimos el First Certificate in English. ¡Prueba superada!

Por circunstancias de la vida, tan perra e insensible, Marta y yo nos separamos. La distancia física y anímica se hizo gigantesca entre nosotros. El hecho de que ella lleve ya muchos años en su querida Galicia no es razón suficiente. Pero actualmente estoy trabajando en reparar tal error.


Nunca debemos extraviar estas pequeñas y escasas gemas que hallamos por el camino de nuestra existencia.


1 comentario:

  1. Buenos días

    Ojalá no se extraviaran dichas gemas, en eso no te falta razón, pero muchas veces, por no decir siempre, nunca llegaremos a disponer del control absoluto sobre los acontecimientos que nos rodean, mas bien a veces nos dedicamos a reaccionar frente a ellos esperando que las crueles añagazas del destino nos causen el menor perjuicio posible.

    Mas de una vez me he preguntado acerca de cómo reaccionaría si me encontrara a ese tipo de personas que de alguna u otra forma ya son como jalones en tu largo caminar por la vida, tanto para bien como para mal. Puntos cardinales que en su día han influido en el rumbo que has tomado frente a hechos pasados y que aún en la lejanía física y temporal, es imposible explicar el aqui y ahora de nuestras vidas.

    Santurtziarra

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